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Como trabajador de una clínica de fertilidad, forma parte de un equipo que ayuda a las personas a hacer realidad su sueño de ser padres. Cada acción que realizas, cada herramienta que utilizas, desempeña un papel en estos momentos que cambian la vida. Uno de los elementos más olvidados pero cruciales en este proceso es algo tan sencillo como los guantes que se llevan.
Lo que mucha gente no sabe es que no todos los guantes son seguros para la fecundación in vitro, y que una elección equivocada podría tener efectos devastadores en el éxito de un tratamiento, no debido a una complicación médica, sino a las sustancias químicas invisibles de un par de guantes.
La mayoría de los guantes médicos se fabrican con aceleradores diseñados para aumentar su durabilidad y elasticidad. Por desgracia, se sabe que algunos aceleradores comunes, como los tiuramatos, los ditiocarbamatos (DTC) y los mercaptobenzotiazoles (MBT), se filtran a través de los guantes y están clasificados como reprotóxicos, lo que significa que pueden interferir en la salud reproductiva. Cuando estas sustancias entran en contacto con gametos o embriones, aunque sea brevemente, pueden alterar la motilidad de los espermatozoides o la viabilidad de los embriones. Estos mismos aceleradores también son responsables de hasta el 45% de los 25 principales alérgenos1 analizados en trabajadores sanitarios que declaran alergias cutáneas de tipo retardado.
Las sustancias reprotóxicas pueden tener su origen en uno o varios factores como:
Referencias:
1. Nijs M, Franssen K, Cox A, Wissmann D, Ruis H, Ombelet W. Reprotoxicity of intrauterine insemination and in vitro fertilization-embryo transfer disposables and products: a 4-year survey. Fertil Steril. 2009;92(2):527-535.
2. Lönnroth EC. Toxicidad de los materiales de los guantes médicos: estudio piloto. Int J Occup Saf Ergon. 2005;11(2):131-139.
3. Higgins CL, Palmer AM, Cahill JL, Nixon RL. Enfermedades profesionales de la piel entre los trabajadores sanitarios australianos: a retrospective analysis from an occupational dermatology clinic, 1993-2014. Contact Dermatitis. 2016;75(4):213-222.